🏡 Permanecer

Permanecer no es inmovilidad.
Es aprender a quedarte contigo incluso cuando lo más fácil sería escapar.

No se trata de soportar en silencio ni de aguantarlo todo,
sino de sostenerte con presencia en medio del ruido,
de no huir de lo que sientes, aunque duela.

Quedarte es resistir la tentación de anestesiarte.
De correr hacia cualquier distracción que te aparte de ti.

Permanecer es atreverte a habitar lo incómodo.

Es quedarte cuando el miedo pide que te vayas.
Cuando la tristeza no tiene una explicación rápida.
Cuando no puedes resolverlo todo, pero aun así eliges no soltarte.

Permanecer no significa quedarte donde te rompes.
Significa no irte de ti cuando algo dentro se rompe.

Es aprender a hacer espacio
para lo que no entiendes,
para lo que duele,
para lo que todavía no sabes nombrar.

A veces permanecer es no mirar el móvil.
Es no salir corriendo.
Es no llenar el silencio de ruido solo para no escucharte.

Es sentarte contigo,
aunque incomode.
Aunque no sepas qué hacer con lo que aparece.

Porque lo contrario de permanecer no siempre es irse.
A veces es distraerte.
Endurecerte.
Ocuparte de todo menos de ti.

Permanecer es una forma de lealtad.

Decirte:
“No voy a abandonarte justo ahora.”
“No voy a irme de mí otra vez.”
“No necesito estar bien para quedarme.”

Esta etapa no busca que te conviertas en alguien más fuerte.
Busca que te conviertas en alguien más presente.

Que descubras que no necesitas huir para protegerte.
Que también puedes quedarte
y sostenerte desde otro lugar.

Porque permanecer no siempre se siente bonito.
Pero, muchas veces, es lo más valiente que puedes hacer.

Y cuando aprendes a no irte de ti,
algo empieza a calmarse.

No fuera.
Dentro.

Y ahí comienza el verdadero refugio.

Puedes empezar como prefieras.

No tienes que tenerlo todo claro. Solo dejar de huir de ti.

Con palabras, con práctica o con un espacio para quedarte contigo.

Empieza a permanecer, a tu ritmo

Permanecer